Vértigo

file5531302546180Hacía algunos meses que su casa ya no era un lugar alegre, que ya no se oían risas a media noche ni canciones por la mañana.

Por separado, ambos se preguntaban qué era lo que les estaba ocurriendo, pero juntos no eran capaces de sentarse  a hablar y buscar el motivo de aquellos cambios.

Y un día de pronto ella empezó a vaciar los armarios y llenar las maletas ante los ojos asustados de él. No se atrevía a mirarle por  miedo a que le suplicase que se quedara aunque era algo que ninguno de los dos quería que ocurriese.

Y así, sin darse opción a equivocarse, recogió todas sus cosas de forma ordenada. Ella todo lo hacía así meticulosa y ordenadamente.

Con las manos temblorosas guardó en una pequeña caja los pendientes que él le había regalado el día que le había dicho que quería pasar con ella el resto de su vida, Y de pronto, tuvo la sensación de estar robando, de estar llevándose algo que ya no le pertenecía.

Después, recogió sus colonias del estante del baño, cogió una de él para poder respirar por última vez el aroma de su cuerpo, el mismo que hacía meses que no tocaba.

Salió sin mirar atrás con los ojos secos, incapaz de llorar y entonces, de pronto se dio cuenta de que se sentía liberada, de que sus maletas pesaban menos que la tristeza y la culpa que llevaba cargando tanto tiempo….

No sabía cuanto tiempo llevaba mirando por la ventana, pero ya era de noche, ya no se veía la calle y había empezado a llover. Una tormenta de verano de esas que tanto le gustaban a ella.

Notó algo húmedo resbalando por su mejilla e instintivamente miró al techo. Se había empeñado en comprar aquel piso en un viejo edificio y desde entonces todo habían sido problemas. Pero el techo estaba seco y la humedad procedía de mucho más cerca.

Estaba llorando, no podía creerlo. No había llorado cuando murió el abuelo, no había llorado cuando perdieron a su bebé, no lo había hecho cuando ella llenaba las maletas ni ninguna de las noches que la oía sollozar en el baño mientras él fingía dormir. Y ahora, de pronto no podía parar.

Deseó durante un segundo que ella pudiera verle, demostrarle que sí, que él también tenía sentimientos. Pero entonces, se dio cuenta de que no estaba triste, sólo notaba una pequeña sensación de vacío y vértigo, mucho vértigo ante todo el abanico de posibilidades que se desplegaba a su alrededor……

2 comentarios sobre “Vértigo

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