De donuts y olas

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Fotografía: Imperfectas e Inconclusas

 

Sabes esas veces que piensas…si me subo en esa valla me caeré, si toco la plancha me quemaré, si me como ese donut no podré comer nada más en todo el día…pues bien yo soy de las que se sube a la valla, toca la plancha para comprobar la temperatura y no me conformo con un donut si pueden ser dos. De modo que cuando vi la furgoneta, el pelo largo la tabla de surf y la de su abdomen, sabía perfectamente que me iba a quemar, caer y tener dolor de estómago y aun así sonreí y coqueteé como hacía mucho tiempo.

Sin darme cuenta me convertí en amante del surf, sin darme cuenta ni tener ni puta idea claro. Pero no, yo no podía dejar que esa minucia estropease lo que la otra tabla prometía, y todo fue genial teorizando sobre las olas, la sensación de cabalgarlas, el sol, la arena, etc…

Creo que lo hice bastante bien, teorizar me refiero, porque yo hasta ese momento no me plantee que aquello fuese a ir más allá hasta que una noche mirando el mar y escuchando el romper de las olas él me propuso cabalgarlas juntos, y yo, que en ese momento tenía otras cabalgaduras en mente me dejé guiar por mi instinto suicida y acepte su propuesta. Ambas propuestas.

El día elegido para hacer el gran ridículo de mi vida, pese a mis suplicas a todos los dioses con potestad para mover el viento, la climatología era la ideal. Sin ninguna excusa que me permitiese evitar el surf pero no al surfero, me senté en el borde la cama lamentándome una vez más de mi carácter intrépido e inconsciente.

Ay inocente de mí!, preocupada por el surf cuando lo que realmente debía de haberme provocado terror era meterme dentro del neopreno. El neopreno, ese minúsculo mono negro con dos inapropiadas franjas de color fucsia fluorescente  cuyo cometido era   acentuar la curva de mi cintura. Ja! la curva de mi cintura, pero si toda yo soy una curva. La cuestión es que soy igual de testaruda que de inconsciente y si yo me propongo entrar en el maldito neopreno lo hago aunque sea a costa de una contractura muscular.

Ya embutida en mi atuendo surfero me dispuse a lanzarme al mar cuando un providencial espejo me mostró mi reflejo y en ese instante di por finalizada mi aventura náutica y la otra también porque yo, que subo a la valla, toco la plancha y me como el donut, nunca nunca lo hago sin sentirme estupenda. Inconsciente si, coqueta más….

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