Nuestra lluvia, mis charcos

charco.jpg

Era uno de esos días soleados de Mayo, de primavera incipiente, de primavera brotante que no termina de arrancar, un día que anunciaba calor, aunque el hombre del tiempo presagiaba “un día lluvioso”, lluvias torrenciales, tormentas, rayos y centellas, pero yo no escucho al hombre del tiempo, no me interesa, no me atrae la idea de condicionar  mis días al tiempo que  dicen que va a hacer, si tengo frío me abrigo, si tengo calor, me destapo, pero hay días que amanecen soleados y cálidos y acaban… acaban calentitos.

Aquel día yo amanecí con ganas de verano, de sandalias y uñas pintadas, con ganas de sol y piernas al aire, con ganas de brisas que levantan faldas y revuelven el pelo, brisas que despeinan, como todo lo divertido. Tenía ganas de día cálido y noche fresca.

Habíamos quedado para vernos, vernos para… con el objeto de… con cualquier pretexto, cualquier excusa era buena para charlar, que me cuentes, que te cuente y sobre todo reírnos juntos

Y desde el principio supe que era arriesgado, era consciente de lo peligroso del encuentro, una imprudencia ¿o no?. Dudas, dudas y mas dudas, siempre tengo dudas contigo, no sé a qué jugamos ni si jugamos o va en serio. Tu das un paso hacia adelante y yo dos para atrás, yo doy medio paso hacia la izquierda y tu uno y medio a la derecha y es que nuestros pasos no son iguales, ni siguen el mismo camino.

 Yo voy por un camino de cabras y piedras, sinuoso, serpenteante, lleno de imprevistos, sin final, con atajos y vericuetos, con distracciones y bifurcaciones, con flores que me paro a recoger en mi trayecto, con bichitos que me susurran cosas, y tu camino… tu camino es una autovía de cuatro carriles, en línea recta, señalizada y sin semáforos, lo que no sabemos es si mi senda tiene acceso a tu autovía o si tu autopista termina en un paseo por el campo, pero esto es justo lo que lo hace divertido, no saber que hay al final del camino.

 Ya en la calle también dude de mi primaveral vestido, no muy corto, no muy ceñido pero si  fluido y ligero, como venga una brisa, me despeina y me levanta el vestido, pensé.

Nos tomamos un par de cervezas en una terraza y nos reímos, como siempre de mí, de ti y de todo. Llego una suave brisa que me acarició el pelo, que creció y me despeinó, que se convirtió en viento y levanto mi vestido, una brisa que se transformo en rayos y truenos que anunciaban tormenta.

Y esto es lo que pasa por no escuchar al hombre del tiempo, que la lluvia te sorprende con un vestidito ligero en una terraza de verano, sin posibilidad de cobijo y tú en tu autovía de cuatro carriles y me preguntas: “¿Corremos hacia el coche?” Y yo te digo: “espera, a mi me encanta saltar en los charcos”” y yo salto en los charcos y chapoteo y me mojo los pies descalzos y la lluvia cala mi vestido, mientras tú me miras encantado y en ese  momento cambias tu autovía por mi camino de cabras y  te unes al chapoteo conmigo, nos salpicamos y nos empapamos.

Cuando nos cansamos de reír, corrimos hacia el coche, empapados, mojados, exhaustos.

Era un día lluvioso de mayo y terminamos empapados en tu coche….

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: