Sexo y premoniciones.

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Parece mentira lo que cambia una casa dependiendo quién sea quien entre por la puerta. Desde que ayer entró Mónica todo son risas y conversación y lo más increíble de todo por primera vez en quince días las niñas ayer decidieron no pasar de nosotros y cenar en casa, todo un honor teniendo en cuenta que en unos meses cumplirán 17 años,  y yo emocionada ante tal deferencia les dejé dar algunos sorbitos a nuestros gin tonic y fumarse algún cigarro también. Supongo que por fin me he relajado.

Después de la cena Rodri se quedó dormido delante la televisión pero ese noche no me importó, me apetecía tener un rato de chicas, de risas y que las niñas quisiesen estar con nosotras, bueno con ella, terminó de convencerme de no salir anoche.

En cuanto nos sentamos en la terraza Alba y Rebeca empiezan a interrogar a Mónica sobre sus últimos ligues y ésta en una hábil maniobra acaba haciendo que las niñas le hablen de los suyos y yo allí como un testigo invisible me entero de que Rebeca ha alcanzado ya la tercera base y a punto ha estado de llegar al final y yo a punto estoy de levantarme y darle un buen bofetón y hacerle entender que no se trata de un juego  y que esa inconsciencia que ahora les parece tan divertida es la que me ha llevado a mi a esta situación.Pero Mónica recurre en mi auxilio porque se ha dado cuenta de lo que iba a ocurrir, bueno solo  la parte del bofetón, lo otro ni se lo imagina.

– Chicas no os vais a creer lo que me pasó el otro día….. y comienza otra de sus fascinantes aventuras. A veces pienso que se las inventa para hacernos felices

– Ya sabeis lo de mis sueños premonitorios ¿ no? – y las tres asentimos ansiosas.

Mónica está convencida de que tiene  super-poderes. No está menos equilibrada que cualquiera de mis otras amigas o conocidas, aunque probablemente tenga menos pudor a la hora de hablar de ella misma.

El caso es que está convencida de tener sueños premonitorios, y lo curioso es que aunque rara vez acierta con sus presagios ella no duda en seguir sus corazonadas con la esperanza de algún día alcanzar sus sueños.

– Bueno atentas… hace un par de semanas, soñé con unas manos y una horrible mochila marrón tirada en el suelo de lo que parecía mi habitación junto a mi precioso bolso negro de cuero. Ya sabes Lucia ese que me compré al lado de tu oficina. Bueno a lo que iba.No fue exactamente un sueño erótico, pero si me desperté con una agradable sensación entre las piernas y me empujó a decidir que aquella noche el dueño de aquella horrible mochila y yo acabaríamos en la misma cama.

De camino a la oficina fui repasando mentalmente a todos los compañeros de trabajo, a los camareros de “Casa Eulogio” que es el bar al que bajo a tomar café a media mañana y a los mensajeros que pasan varias veces al día por la oficina entre los que hay alguno bastante atractivo y la verdad es que no me pareció que ninguno tuviese interés en ligar conmigo.

– Eso es porque ya te los has ligado a todos- ha apostillado de forma espontánea Alba. Tan espontanea como el manotazo que le he dado cuando ha intentado sacar un nuevo cigarro de la cajetilla.

– Continuo- dice Mónica-   Cuando llegué a la oficina y vi  a Pablo de contabilidad con una horrible mochila marrón al hombro sentí  cierto alivio al saber que por lo menos el objetivo ya estaba fijado y que además la misión iba a estar chupada. Pablo me ha invitado en alguna ocasión a tomar algo al salir del trabajo y siempre le he dicho que no.

¡Que equivocada estaba!. Le he contestado tantas veces con un rotundo no, que creo que me he vuelto invisible a sus ojos.

Mira que me dí paseos a la fotocopiadora y a la maquina de café. Mira que me contonee, que sonreí y me pasé el día acercándome a su mesa con cualquier excusa tonta.

Joder y según pasaba la mañana y él pasaba de mí yo iba descubriendo cosas en las que nunca me había fijado y ya no me parecía tan soso y enclenque.

– ¿Te acuerdas  Lucia del becario de marketing del que os hablé?.- yo asiento mientras doy un sorbo a mi copa- pues ese bombón me invitó a comer  y le dije que no porqué estaba convencida de que esa noche Pablo y yo…

Ya no podía más sólo quedaban 15 minutos así que me lance al ruedo y decidí invitar yo a Pablo, en otras circunstancias no lo habría hecho pero ya sabéis la fe que tengo yo en mis premoniciones- y las tres contestamos con un si coral- Así que, me levanté, me estiré la falda del vestido me coloqué el escote y me fui hacía él y  justo en el momento en el que me apoyé sobre su mesa, mordí el bolígrafo y terminé de formular mi invitación vi como el becario entraba en el ascensor con una horrible mochila marrón colgada del hombro.

Así que aquella noche la pasé con Pablo y su mochila y sin poder dejar de pensar en el becario.

Y justo cuando las niñas iban a comenzar el interrogatorio sobre la noche con Pablo las he mandado a dormir. Y las dos se han ido entre quejas y malas caras pero creo que por esta noche ya tienen suficiente información del mundo adulto.

 

 

Un comentario sobre “Sexo y premoniciones.

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  1. Y es así querida cuenta cuentos… Justo, en ese preciso instante en el que decides no volver a caer en tus propias premoniciones, te das cuenta de lo absurdo que parece tratar de ponerle puertas al campo… Y empiezas a pensar en quien no debes, cuando menos lo esperas… Y en los momento menos oportunos.

    Me encanta Mónica. Fantaseo con ser su becario 🙂

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